13 nuevos Cardenales para la Iglesia católica fueron creados hoy por el Papa Francisco

Este sábado 5 de octubre, el Papa Francisco creó nuevos cardenales procedentes de  todas partes de la tierra para participar y ayudar a la iglesia,  a su país en las diferentes circunstancias para el bien común. Además los nuevos cardenales podrán participar en la elección del próximo cónclave para la sucesión de Papa Francisco.

El Cardenal Juan de la Caridad García Rodríguez, Arzobispo de San Cristóbal de La Habana (71 años, Cuba); el Cardenal Fridolin Ambongo Besungu, O.F.M. Cap, Arzobispo de Kinshasa (59 años, República Democrática Del Congo); el Cardenal Jean-Claude Höllerich, Sj, Arzobispo de Luxemburgo (61 años); el Cardenal Alvaro L. Ramazzini Imeri, Obispo de Huehuetenamgo (72 años, Guatemala).

El Cardenal Matteo Zuppi, Arzobispo de Bolonia (63 años, Italia); el Cardenal Cristóbal López Romero, Sdb, Arzobispo de Rabat (67 años, Marruecos); el Cardenal Michael Czerny, Sj, Subsecretario de la Sección Migrantes del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, (73 años, República Checa-Canadá).

El Cardenal Michael Louis Fitzgerald, Arzobispo Emérito De Nepte (82 años, Túnez); el Cardenal Sigitas Tamkevicius, Sj, Arzobispo Emérito De Kaunas (80 años, Lituania) y el Cardenal Eugenio dal Corso, Psdp, Obispo Emérito de Benguela (80 años, Ángola).

De los nuevos Cardenales, 10 son electores y podrán participar en el futuro cónclave del que saldrá elegido el sucesor del Papa Francisco. Los otros 3 Cardenales, al tener más de 80 años, no son electores.

En su homilía, el Santo Padre reflexionó sobre la compasión de Jesús, “una palabra clave del Evangelio”. Explicó que “en los Evangelios, a menudo vemos a Jesús que siente compasión por las personas que sufren”.

Señaló que la compasión del Señor “no es una actitud ocasional y esporádica, sino constante, es más, parece ser la actitud de su corazón, en el que se encarnó la misericordia de Dios”.

“Jesús”, afirmó, “es redentor del hombre. Redentor en la compasión. Él encarna la voluntad de Dios de purificar al ser humano enfermo de la lepra del pecado; Él es la ‘mano extendida de Dios’ que toca nuestra carne enferma y realiza esta obra llenando el abismo de la separación”.

Hizo hincapié en que “Jesús va a buscar a las personas descartadas, las que ya no tienen esperanza”. Los ejemplos que ofrece el Evangelio son muchos. Uno de ellos es “el hombre paralítico durante treinta y ocho años, postrado cerca de la piscina de Betesda, esperando en vano que alguien lo ayude a bajar al agua”.

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