RÍO DE JANEIRO (AP) — El gobierno de Sao Paulo, el mayor estado de Brasil, anunció el lunes un retroceso en el plan de apertura de actividades tras un aumento en los contagios de COVID-19 en las últimas semanas.

Todo el estado, donde viven más de 46 millones de personas, entró en fase amarilla, por lo que comercios, bares y restaurantes deberán limitar su capacidad al 40% y tendrán un horario máximo de funcionamiento de 10 horas, hasta las 22. Los eventos con público de pie quedaron suspendidos.

La decisión fue oficializada por el gobernador paulista Joao Doria en una conferencia de prensa, un día después de la definición de las elecciones municipales en la capital paulista y en otras 56 ciudades brasileñas.

Los casos de COVID-19 han estado en aumento en Brasil, el país con la segunda cifra de muertos más alta del mundo con más de 172.000 fallecidos, mientras los políticos minimizaron la gravedad de la pandemia en medio de la campaña electoral.

Los casos nuevos contabilizados en un periodo de 7 días alcanzaron el domingo un promedio de 34.763 por jornada comparados con 28.776 de dos semanas atrás, según datos de las secretarías de salud brasileñas. Los fallecimientos, en tanto, subieron de 486 a 521 en el mismo lapso.

El presidente Jair Bolsonaro, que contrajo el virus en julio, se ha resistido durante mucho tiempo al consejo de la mayoría de los científicos y expertos en salud de restringir las actividades argumentando que los daños causados ​​por el encierro serían peores que la pandemia. El 5 de noviembre, antes de las elecciones municipales, dijo que esperaba que los alcaldes “no inventaran nuevos cierres” después de los comicios.

“Con el claro aumento de la inestabilidad de la pandemia, el 100% de Sao Paulo volverá a la fase amarilla. Esa medida no cierra comercios ni restaurantes, pero es más restrictiva para evitar aglomeraciones y el aumento del contagio del COVID-19”, anunció Doria el lunes.

El gobernador participó el domingo de los festejos de la elección de Bruno Covas, alcalde de la ciudad y aliado, en un lugar cerrado donde se aglomeraron varias decenas de personas. Las autoridades paulistas habían dicho antes de la elección que el incremento de casos era temporal o que se debía a una irregularidad estadística y negó una “segunda ola”.

“Hubo un cálculo político. Los candidatos vieron que las políticas más restrictivas en relación al virus no fueron muy populares y no le dieron la debida importancia (a la pandemia) para no perder votos”, dijo Miguel Lago, director ejecutivo del Instituto de Estudios de Políticas de Salud de Brasil, que asesora a funcionarios de salud pública. “El ciclo electoral siempre afecta la toma de decisiones basadas en la ciencia”.

El COVID-19 se convirtió en protagonista de la elección municipal brasileña, afectando a algunos competidores.

En Sao Paulo, el contendiente de Covas, el izquierdista Guilherme Boulos, suspendió su campaña el viernes tras dar positivo. Boulos no pudo votar el domingo y siguió los resultados desde su casa, donde tuvo un breve contacto con la prensa desde un balcón.

En Goiania, región central de Brasil, el alcalde electo Maguito Vilela lucha contra la enfermedad desde hace un mes, internado en terapia intensiva y respirando gracias a la ayuda de un ventilador. El domingo fue electo, y su hijo, Daniel Vilela, contó que Maguito pudo enterarse de que había ganado gracias a que los médicos redujeron un poco su nivel de sedación, según explicó a una radio de Goiania.

“Las campañas electorales fueron nocivas para la diseminación del virus. Permitieron grandes aglomeraciones y fueron planteadas de forma inadecuada”, explicó a The Associated Press Margareth Dalcolmo, profesora de medicina respiratoria en la Fundación Oswaldo Cruz, que recibe financiación estatal.

En Río de Janeiro, otra de las ciudades más afectadas por el virus en Brasil, el deterioro de los indicadores genera preocupación, especialmente por la falta de camas de terapia intensiva. El domingo 173 pacientes esperaban por una cama en hospitales públicos para recibir tratamiento médico por COVID-19, según datos de la alcaldía. Eduardo Paes, electo alcalde de la ciudad el domingo, descartó que su administración evalúe una paralización de actividades pero mostró preocupación por el deterioro de los indicadores.

“Brasil nunca superó la primera ola de coronavirus y ahora vivimos un recrudecimiento de las infecciones dentro de esa primera oleada”, dijo Dalcolmo. La profesora aseguró que apenas dos semanas de confinamiento riguroso y el cierre de algunas actividades puede conseguir achatar la curva nuevamente. “Hay una negación colectiva extremadamente peligrosa y la apertura de actividades totales sin fiscalización está generando una catástrofe”.