San Salvador, 14 jun (Sputnik).- La fiebre del Bitcoin amenaza con inundar a El Salvador con legiones de cripto-gambusinos seducidos por el oro digital, y por los incentivos que proponen las autoridades locales para los emprendedores de este ramo.

Como aquellos mineros que emigraron a California a mediados del siglo XIX, en busca de la veta dorada que los sacara de la miseria, los acólitos de las criptomonedas miran con interés a esta nación centroamericana, protagonista de todo un hito.

En menos de 5 días, El Salvador convirtió en ley la inesperada idea del presidente Nayib Bukele de adoptar al Bitcoin como moneda de curso legal en este país, donde circulará junto al dólar, que desplazó a finales del año 2000 al colón nacional.

El paralelismo es inevitable, y despertó en muchos el miedo a que pase como entonces, cuando los salvadoreños se fueron a la cama ganando en colones, y despertaron una economía dolarizada y sus ingresos -y ahorros- devaluados.

La inquietud crece pues la Asamblea Legislativa, controlada por el oficialista partido Nuevas Ideas, afirma que el uso de Bitcoin será opcional, mientras Bukele asegura en foros virtuales que las personas estarán obligados a aceptar pagos en esta divisa.

Otro factor que asusta es la volatilidad de una moneda que se desploma al menor chiste del empresario Elon Musk, aunque los voceros del Gobierno aseguran que toda moneda es proclive a los cambios, incluido el dólar estadounidense.

COINCIDENCIAS

Un detalle curioso: muy pocos gambusinos se hicieron verdaderamente ricos durante las viejas fiebres del oro, que beneficiaron principalmente a quienes les proveían los insumos para las extracciones, o les brindaban ciertos servicios.

De igual manera, la lógica sugiere que los más beneficiados con un aluvión de «mineros» en El Salvador serán quienes controlen las plataformas de procesamiento, y quienes les garanticen servicios básicos (hospedaje, alimentación, comunicaciones, etc.).

De hecho, el presidente Bukele prometió darle la residencia permanente inmediata a los emprendedores que lleguen al país para sumarse a esta empresa, e insistió que en este país no hay impuestos por las ganancias que generen las criptomonedas.

Además, el mandatario anunció que el «minado» de criptomonedas utilizaría energía geotérmica, salida de las entrañas volcánicas de El Salvador, completamente limpia, renovable, y sin comprometer al sistema energético nacional.

Para ello instruyó a la empresa estatal La Geo para que colabore en la creación de una «granja» para la minería de Bitcoins alimentada totalmente con energía geotérmica, para reducir el impacto medioambiental de un proceso altamente costoso.

LAVANDERÍA

También existe el miedo a que El Salvador se convierta en una suerte de «lavandería» para el blanqueo de capitales y la evasión fiscal, dada la falta de regulación que caracteriza a las transacciones en Bitcoin.

Sin embargo, los defensores de esta modalidad insisten en sus bondades, sobre todo para un país altamente dependiente de las remesas que envían sus «hermanos lejanos», como llaman aquí a los migrantes.

A ello se suma que el 70 por ciento de los habitantes de El Salvador carecen de cuentas bancarias, y el uso de Bitcoin podría agilizar la transferencia de fondos, sin contar que llegarían libre de comisiones bancarias e impuestos de intermediarios.

Además, esta medida llega en plena negociación de un préstamo de 1.300 millones de dólares con el Fondo Monetario Internacional, institución cuyos expertos saben que el Bitcoin es un activo de alto riesgo para invertir.

Todos, empero, coinciden en que la legalización del Bitcoin es una apuesta arriesgada, y como tal, puede salir muy bien, o terriblemente mal. (Sputnik)