“Juan Pablo II allanó el camino del diálogo” mensaje de Francisco a las dos iglesias

Tras una mañana intensa y una pequeña pausa para almorzar, el Pontífice continua con su agenda programada para este trigésimo Viaje Apostólico Internacional a Rumania. Entorno a las 15 horas (hora local en Roma) Francisco se ha reunido con el Patriarca Daniel y los Obispos del Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa en Rumania en el Patriarcado Ortodoxo en Bucarest y les ha explicado que, al igual que hace 20 años el Papa Juan Pablo II les dijo que había venido “a contemplar el rostro de Cristo grabado en su Iglesia y a venerar este rostro sufriente”, él también llega a Rumania como “peregrino deseoso de ver el Rostro del Señor en el rostro de los hermanos”.

En su discurso, el Papa también ha expresado que los lazos de fe que les unen se remontan a los Apóstoles y, en particular, “al vínculo que unía Pedro a Andrés”: “Ellos nos recuerdan que hay una fraternidad de la sangre que nos precede, y que, como una silenciosa corriente vivificante nunca ha dejado de irrigar y sostener nuestro caminar a lo largo de los siglos” ha asegurado el Papa ante los Obispos.

Seguidamente, hablando de las persecuciones a los cristianos, el Papa ha subrayado que en Rumania, al igual que en tantos otros lugares actuales, han ​​experimentado la Pascua de muerte y resurrección: “muchos hijos e hijas de este país, de diferentes Iglesias y comunidades cristianas, han sufrido el viernes de la persecución, han atravesado el sábado del silencio, han vivido el domingo del renacimiento”. Y en este sentido, ha explicado además que el ejemplo de estos hermanos y hermanas está hoy ante nosotros y ante las nuevas generaciones que no han conocido aquellas dramáticas condiciones: “es una herencia demasiado valiosa para que sea olvidada o mancillada. Y es una herencia común que nos llama a no distanciarnos del hermano”.

Ante el Patriarca Daniel y los Obispos del Santo Sínodo el Santo Padre ha hablado de “la memoria”: “No la memoria de los males sufridos e infligidos, de juicios y prejuicios, que nos encierran en un círculo vicioso y conducen a actitudes estériles – ha expresado – sino la memoria de las raíces. Los primeros siglos en los que el Evangelio, anunciado con parresia y espíritu de profecía, encontró e iluminó a nuevos pueblos y culturas; los primeros siglos de los mártires, los Padres y confesores de la fe, de la santidad vivida y testimoniada cotidianamente por tantas personas sencillas que comparten el mismo Cielo”.

Por último, el Papa ha señalado que “necesitamos escuchar juntos al Señor” y especialmente en estos últimos años en que los caminos del mundo nos han conducido a rápidos cambios sociales y culturales. “Son muchos los que se han beneficiado del desarrollo tecnológico y el bienestar económico, pero la mayoría de ellos han quedado inevitablemente excluidos, mientras que una globalización uniformadora ha contribuido a desarraigar los valores de los pueblos, debilitando la ética y la vida en común, contaminada en tiempos recientes por una sensación generalizada de miedo y que, a menudo fomentada a propósito, lleva a actitudes de aislamiento y odio”. Momento en el que ha advertido de “las seducciones de una cultura del odio e individualista”, asegurando que aunque no sea tan ideológica como en los tiempos de la persecución ateísta, es “más persuasiva e igual de materialista”. Ante esto, ha concluido hablando de la “fragilidad de los vínculos”, la cual – ha puntualizado – “termina aislando a las personas”.

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