Fanny Rodríguez: «No vamos por cosas lujosas«.

Rostros y voces de la caravana que va desde Honduras hasta Estados Unidos

Tiene 21 años y viene de Santa Bárbara, en Honduras. «Estamos viajando para darles un mejor futuro a mis hijas«, dice Rodríguez, que participa de la caravana junto con su marido, Edil Moscoso, de 26 años. Sus hijas se llaman Daily Edith, de 2 años, y Yarice, de 9 meses. «No vamos porque queremos cosas lujosas«.

«No tengo por qué darles lujos, solo lo necesario: que no les falte comida, que tengan ropa. Cosas así«, admite.

En el camino, la familia fue asistida por guatemaltecos que les donaron alimentos y pañales. «No nos podemos quejar«, dice Rodríguez.

Lindell Marroquín: «No sé dónde está una de mis hijas»

Es madre soltera y tiene cinco hijas. Esta mujer de 33 años, procedente de La Ceiba, comenzó la travesía con tres de sus hijas, además de su hermano; ahora solo permanecen junto a ella dos de las chicas.

La familia quedó separada en medio del caos del camino. Marroquín dice que, en cierto momento, su hermano llevaba a una de sus hijas mientras ella cuidaba de las otras dos, Dariana, de 5 años, y Sofía, de un año, pero, sin saber bien cómo, se perdieron de vista y no sabe dónde están.

«No sé si están detrás de mí o delante de mí«, dice Marroquín.

Melvin Gómez: «Espero que todo salga bien»

En realidad, Melvin Gómez, de 26 años, tenía planeado emigrar en diciembre próximo, pero se enteró de la caravana por la televisión y decidió que había llegado el momento para irse de Honduras. Partió desde San Pedro Sula, considerada la ciudad más industrial del país centro americano.

Llamó por teléfono a su esposa y a sus dos hijos, que se encontraban con familiares en La Ceiba, una localidad portuaria del norte del país, para, sin más, despedirse.

«Me pidió que la recordara a ella y a los niños«, dice Gómez. «Espero que todo salga bien«.

Jénnifer Paola López: «No hay trabajo ni nada»

De 16 años, es trabajadora rural y viaja con unas amigas de la zona donde vivía, en el departamento de Yoro. Ya habían hablado sobre la posibilidad de viajar a Estados Unidos, pero no tenían plata para pagar el costo del viaje o a los «coyotes» que cobran para efectuar ilegalmente el traslado.

Un vecino les contó de la caravana y López y sus amigas decidieron unirse. Aunque dejó atrás a su familia, Jénnifer sabe que es la esperanza de todos para poder llevar una vida mejor.

«No hay trabajo ni nada. No hay cómo vivir en Honduras. No hay dinero -dijo. No hay ayuda del gobierno. No hay nada«.