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San José, 30 julio 2020.- El Ministerio de Hacienda brindó este jueves las proyecciones fiscales para el cierre del años 2020 y el 2021, según detalla, durante el primer bimestre de 2020 el comportamiento de las finanzas públicas fue positivo. Los efectos de la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas y otras medidas de índole administrativo permitieron que a febrero de 2020 el balance primario del Gobierno Central mostrara una mejora de 0,4 puntos porcentuales (p.p.) del Producto Interno Bruto (PIB). Esto se explica por una combinación entre una mayor recaudación de impuestos y una reducción del gasto. En el caso de los ingresos, estos aumentaron 0,2 p.p. del PIB gracias al desempeño del impuesto al valor agregado. Por su parte, el gasto total sin intereses tuvo una reducción de 0,2 p.p. del PIB, como resultado de menores transferencias corrientes y de capital. Lo anterior derivó en un déficit financiero a febrero de 2020 de 1,1% del PIB, que, de haber mantenido la tendencia observada, hubiese cerrado 2020 en 6,5% del PIB, según estimaciones del Ministerio de Hacienda en septiembre del 2019.

Sin embargo, la crisis del COVID-19 significó un duro golpe para la economía costarricense y consecuentemente sobre la dinámica de las finanzas públicas. De acuerdo con estimaciones del Banco Central de Costa Rica (BCCR) el crecimiento económico para 2020 y 2021 sería -5,0% y 2,3%, respectivamente, lo que significará una reducción de 7,5 p.p. y 0,7 p.p. con respecto a las previsiones de crecimiento presentes en el Programa Macroeconómico 2020-2021.

Para las finanzas públicas, la caída de la producción significa contar con menores bases imponibles. Por ejemplo, el menor consumo final de los hogares se traduce en una caída del impuesto al valor agregado, a la vez que una menor producción afectará directamente al impuesto sobre la renta. Asimismo, el menor dinamismo de la actividad económica repercutirá sobre el flujo de caja de las empresas, motivo por el cual desde el Ministerio de Hacienda se propuso una moratoria en el pago de diversos impuestos.

En cuanto al gasto, la contracción económica implicaría mayores erogaciones producto de las medidas contra cíclicas para mitigar los efectos de la crisis sobre los ingresos de los hogares y por el mayor pago de intereses. Así, aunque el objetivo de los primeros dos presupuestos extraordinarios era reducir el gasto, estos permitieron abrir un espacio para asignar recursos a programas de ayuda social temporales, a fin de alivianar la presión que perciben los hogares afectados económicamente por la pandemia. De igual forma, la caída en los ingresos tributarios obliga a Hacienda a realizar colocaciones de deuda adicionales para atender sus necesidades de financiamiento, incrementando así el pago de intereses.

Así, en 2020 los ingresos tributarios muestran una contracción, mientras que en 2021 estos experimentarían una recuperación. Si bien en 2020 los ingresos tributarios caerían 12%, en 2021 mostrarían un crecimiento de 10%, lo que se traduciría en una carga tributaria de 12,5% del PIB y 13,2% del PIB, respectivamente.

En el caso de 2020, la menor recaudación responde a la disminución de las bases imponibles de los diferentes impuestos y a montos que no ingresarían por contribuyentes que se acogieron a la moratoria, pero que se recuperarían el próximo año. En tanto, el crecimiento de la recaudación en 2021 estaría asociada, en parte, a la recuperación económica y a la entrada en vigor de mayores recursos asociados a la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas.

Por su parte, el gasto total tendría un comportamiento controlado, según mencionó Hacienda, lo anterior gracias a la aplicación de la regla fiscal y de los instrumentos legales a disposición del Ministerio de Hacienda. El crecimiento del gasto total en 2020 y 2021 sería de 1,0% y 0,8%, respectivamente, lo cual llevaría a que las erogaciones del Gobierno Central alcancen 23,1% y 22,4% del PIB, para el mismo periodo de referencia.

A pesar de la contracción económica, Hacienda comunicó que aplicará con rigor la regla fiscal a fin de reducir la velocidad de crecimiento del gasto. Aunque se han presentado iniciativas ante la Asamblea Legislativa (congelamiento del pago de anualidades y la reducción de la jornada laboral) para desacelerar el crecimiento de las remuneraciones, el efecto que estas tendrían en 2020 sería marginal, por lo que la aprobación del segundo presupuesto extraordinario es un gran impulso para reducir el crecimiento del gasto total. Aun así, el mayor esfuerzo de contención se reflejará en la Proyecto de Presupuesto Ordinario 2021, en el cual se buscará disminuir todos los rubros de gasto.

En este contexto, el déficit financiero y la deuda pública mostrarían un deterioro con respecto a lo previamente estimado. Para 2020 y 2021 se proyecta un déficit fiscal de 9,3% del PIB y de 8,1% del PIB, respectivamente, esto representa una desmejora de 2,8 p.p. y 1,2 p.p. del PIB con respecto a lo estimado en setiembre de 2019. De estas cifras, una buena parte corresponde al pago de intereses sobre la deuda, que ascienden a 5,2% en 2020 y 5,6% en 2021, consecuencia del alto nivel de deuda que mantiene el país, el cuál se estima en 70,2% y 76,6% del PIB para cada año, respectivamente.

Resultado de lo anterior, las necesidades de financiamiento del Gobierno Central serán mayores, se proyectan necesidades de financiamiento por 14,1% del PIB para este año y 15,0% del PIB para 2021. Dadas las condiciones actuales, en 2020 cerca del 50% de estas necesidades se estarían atendiendo mediante financiamiento externo (préstamos de multilaterales y el remanente de las colocaciones de eurobonos de la emisión realizada en 2019). Sin embargo, en 2021 las fuentes de financiamiento externas solo permitirían cubrir 25% de las necesidades totales, lo que obligaría al Ministerio de Hacienda a recurrir al mercado local para financiar el 75% restante.

“Para Hacienda dar sostenibilidad a las finanzas públicas es una prioridad, a la vez que se sientan las bases para la reactivación económica. Desde este Ministerio haremos todos los esfuerzos necesarios para propiciar un ambiente ideal para nuevas inversiones y la generación de empleo. Un primer paso en esta dirección es disminuir nuestra presencia en el mercado local de fondos, para así abaratar el financiamiento a los emprendedores. Para esto, la aprobación del financiamiento externo por parte de la Asamblea Legislativa es clave. Estos recursos también nos permitirán ‘intercambiar’ deuda cara por barata, a la vez que mejoramos el perfil de nuestra deuda con plazos mayores y menores tasas de interés”, indicó Elian Villegas, ministro de Hacienda.