San José.- Sin importar la razón de su visita a los servicios de salud de atención primaria es posible que el funcionario de medicina, psicología, trabajo social y o enfermería le haga unas preguntas sobre la cantidad y frecuencia de las bebidas alcohólicas consumidas por semana.

Esto ocurrirá dentro de una charla franca, confidencial, amistosa, con todo el respeto correspondiente a un escenario de salud, y de empatía con el objetivo de acompañar a la persona a determinar si la bebida se ha convertido en riesgo para sí misma o los demás a su alrededor.

El riesgo se refiere al tipo de consumo de alcohol con consecuencias perjudiciales para la salud, física o mental del bebedor o de los miembros de la familia o la comunidad.

Las preguntas que surjan en la charla pueden ser como las siguientes: ¿Con qué frecuencia consume alguna bebida alcohólica? ¿Cuántas bebidas toma en un día normal? ¿Con qué frecuencia en el último año ha necesitado beber en ayunas para recuperarse de haber bebido mucho el día anterior? ¿Con qué frecuencia en el último año no ha podido recordar lo que sucedió la noche anterior porque había estado bebiendo?

El propósito de la entrevista es constructivo, jamás la intención es juzgar ni regañar a la persona, sino explorar en una conversación breve sobre si es posible que haya algún riesgo asociado a la bebida en este momento de su vida.

Para eso se usa un cuestionario especialmente diseñado y recomendado por la Organización Panamericana de la Salud, donde preguntan sobre las cantidades tomadas, las veces que lo hace en la semana y si ha habido alguna consecuencia alrededor de eso.

Relatar la experiencia puede ayudar a determinar el riesgo más allá de la cantidad de consumo. Por ejemplo, si ha chocado bajo los efectos del alcohol, ha entrado en pleitos o si alguna persona cercana ya le ha dicho que su comportamiento cuando bebe es mucho menos amistoso que cuando no lo hace lo que podría ser un signo de riesgo.

Luego de esa conversación, con base en una tabla de resultados, se informa a la persona si puede estar en un riesgo bajo, alto o dependiente de la bebida.

Luego de eso el profesional de atención primaria informa acerca de los posibles efectos perjudiciales del consumo y la importancia de reducir la ingesta y el asesoramiento sobre cómo reducir el consumo.

La entrevista busca incentivar un plan personal para ayudar a reducir el consumo de alcohol con medidas prácticas como comer antes y durante se bebe, tomar bebidas sin alcohol entre un trago y otro o dejar el baso en la mesa entre sorbo y sorbo.

En general es importante dar a conocer que consumir más de dos bebidas al día durante largos períodos puede causar cáncer, enfermedad hepática, depresión y dependencia de alcohol (alcoholismo).

Afortunadamente la mayoría de la gente puede parar o reducir su consumo de alcohol si deciden hacerlo y trabajan duro para cambiar sus hábitos de consumo. Algunos de ellos necesitan acompañamiento y para eso puede haber referencias a ser tratados en el servicio de salud de la CCSS especializados en tratar a personas con adicciones.

Modelo de intervención avanza gradualmente

En esta propuesta participó un equipo interdisciplinario formado por el Programa de Normalización a la Atención de las Adicciones, el Área de Atención Integral a las Personas y tres unidades de gran impacto en la vida institucional: la Coordinación Nacional de Enfermería, la de Trabajo Social y la de Psicología.

Oficialmente el lineamiento para la detección y la intervención breve del consumo de alcohol y tabaco en la atención primaria está en fase de implementación. Se han capacitado 1 155 funcionarios y la divulgación interna y capacitación continua de manera permanente hasta que se complete el primer nivel de atención en su totalidad.

Este modelo ya se ha probado con éxito internacional porque se ha demostrado su efecto, son acciones fáciles de realizar con personal entrenado y son formas ideales para implementar en la atención primaria, desde la promoción de la salud y la prevención de una variedad de enfermedades.

Según la Organización Mundial de la Salud la atención en comunidad está en posición privilegiada para identificar e intervenir pacientes cuyo consumo es de riesgo o perjudicial para su salud y por eso los funcionarios de atención primaria pueden jugar un papel esencial para lograr que pacientes con dependencia de alcohol inicien tratamiento.

Según el modelo los pacientes tienen confianza en la experiencia de los profesionales sanitarios y esperan que ellos estén interesados en los efectos de la bebida sobre la salud y por eso la información dada por los profesionales sanitarios es a menudo crucial en el abordaje de la enfermedad y en su prevención.